Un libro que sabe a sal y huele a mar
Hay libros que se leen deprisa, como quien se da un atracón, capítulo tras capítulo. Otros te piden una lectura lenta, paladeando, saboreando, bebiendo cada palabra. Cuaderno de Agua de Hugo Clemente pertenece a esta categoría. Un libro que sabe a sal y huele a mar. Cada capítulo es como una tarde de playa en la que esperas a secarte entre baño y chapuzón.
No es un libro fácil, tampoco lo es el mar. Las palabras te acarician como olas y como estas a veces también te dañan (a mí me marcó especialmente la ironía del delfín sirena). Cada capítulo puede leerse como un texto independiente, aunque todos siguen un hilo narrativo a ratos desconcertante, que poco a poco va encajando en un extraño equilibrio, como esas esculturas de guijarros que se pueden ver en algunas playas.
Cuaderno de Agua es también una historia de amor. Amor y erotismo. Clemente escribe el libro a un tú, de modo que nos coloca en el papel de voyeurs en los encuentros entre el protagonista y la mujer a cuyos brazos y besos vuelve una y otra vez. Sentimos la intensidad y la pasión, las caricias en la piel, el agua que acompaña, resbala y moja cada encuentro. No es un erotismo simple, tampoco incómodo. Nunca conocemos del todo a los personajes y, sin embargo, no dejamos de intuir su esencia. Algo nos hace querer que esa historia triunfe, que los besos sigan, que la distancia una más de lo que separa...
Pero en la "novela" encontramos muchos más personajes, todos y cada uno de ellos relacionados de un modo diferente con el mar. Personajes marginales, reales, que huelen a salitre, que flotan, se ahogan, navegan en un agua que es tan capaz de dar como de quitar la vida.
El surf es, claro, otro protagonista. Quienes lo practiquéis os sentiréis identificados. Y los que no, de algún modo lo entenderéis, porque durante algún instante olvidaréis los signos negros sobre papel blanco y sentiréis que atravesáis una ola sobre una tabla, incluso sacudiréis el agua.
Cuaderno de agua es uno de esos libros que se quedan, que dejan huella. Una huella que las olas van difuminando poco a poco. Un libro al que sabes que vas a desear volver, quizás abriéndolo al azar, para darte un chapuzón en uno de sus 69 capítulos para que te deje esa sensación a la par agradable y pegajosa que imprime el agua del mar.







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